Palabras de Jorge Hernández Martínez en la presentación del libro La batalla diplomática y política en torno a la Crisis de Octubre. El papel de la ONU, en el ISRI, el 4 de octubre de 2017.

 Ante todo, queremos expresar nuestro agradecimiento al ISRI, a su Rectora, a los compañeros que organizaron el evento sobre la Crisis de Octubre que ha sesionado durante los dos últimos días y a la Editorial Ocean Sur, por la posibilidad que nos han brindado, de presentar el texto más reciente del joven historiador e investigador Elier Ramírez, lo cual aceptamos con gran satisfacción. Conocemos a Elier desde que no hace aún mucho tiempo, realizaba sus estudios universitarios, y de cuando casi de inmediato, prosiguió su acelerado proceso de desarrollo profesional a través de sus tesis de Maestría y de Doctorado, bajo la tutela del profesor Esteban Morales, con quién luego escribiera algunas de sus primeras obras. Desde entonces mostraba sus condiciones para el quehacer intelectual, caracterizándose por su talento, dedicación, laboriosidad, rigor y compromiso revolucionario. Hoy, Elier es ya un conocido profesional en el campo de los estudios históricos, de lo cual habla la calidad y cantidad de los textos que ha aportado a la bibliografía referida a la Revolución Cubana y a las relaciones con los Estados Unidos.

Nuestra satisfacción se acrecienta por el marco en el que tiene lugar la presentación del mencionado libro, es decir, por realizarse en una institución de Educación Superior como el ISRI, a la que nos unen muchos y viejos lazos, en el empeño común que desde la Universidad de La Habana nos ha llevado por el camino del estudio de los Estados Unidos durante más de treinta años, en los que el antiguo ISSE se convirtió en ISRI y el DISEU en CESEU y después, en el actual CEHSEU. Debemos agregar que el hecho de que estemos reunidos con un colectivo de jóvenes estudiantes, futuros diplomáticos, y junto a especialistas como los que nos acompañan, colegas y amigos muy estimados, como Phil Brenner, Thomas Blanton, Peter Kornbluh, que han dedicado gran parte de su vida académica y política a los estudios históricos sobre las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, es un gran estímulo.

Dentro de pocos días se conmemorará el 50 Aniversario del asesinato del Che, y en un contexto como éste el mejor modo de iniciar la presentación es recordando aquellas palabras que nos dejó en su carta de despedida, cuando expresó que nunca había brillado tanto un estadista como Fidel, en los días luminosos y tristes de la Crisis de Octubre.

Justamente, el libro que nos ocupa dedica buena parte de sus páginas al lugar y papel del Comandante en Jefe en el desarrollo de la crisis de Octubre, destacando la agudeza, profundidad y capacidad de visión de largo plazo con que Fidel manejó las complejas situaciones implicadas en aquél suceso, y el legado que nos dejó, a los cubanos y al mundo, como ejemplo de la negociación desde posiciones de principios ante un conflicto de proporciones mundiales, entre tantas contradicciones, matices e incomprensiones como las que acompañaron a dicha crisis.

La batalla diplomática y política en torno a la Crisis de Octubre. El papel de la ONU, como pueden constatar los presentes, es un texto breve, que preferimos considerar no como se pudiera decir, como un “librito”, sino como un pequeño gran libro. Escrito de forma amena, como es habitual en los libros de Elier, se trata de un acucioso resultado investigativo, que como bien señala en el prólogo Abel Enrique González Santamaría, “constituye un excelente texto que relata una de las aristas menos conocidas y estudiadas de ese periodo”, las concernientes a la dimensiones diplomáticas de la contienda librada por la Revolución Cubana en el marco institucional de las Naciones Unidas, “apoyado en documentos reveladores y testimonios de los principales actores, realiza una evaluación objetiva del desarrollo de aquellos acontecimientos”.

Se trata de un texto de menos de 70 páginas, que cuenta, como hemos apuntado, con un prólogo aportado por otro joven estudioso de las relaciones interamericanas y del conflicto entre Cuba y los gobiernos norteamericanos, lo cual lo dota con un valor agregado, concebido con una Introducción, cuatro momentos analíticos y unas consideraciones finales, que recorren de forma panorámica la evolución de la crisis, se detienen en los puntos sobresalientes y retienen las cuestiones más importantes que permiten comprender la escalada conflictual implicada en los acontecimientos. El autor consigue moverse con agilidad y brevedad en un amplio entramado de hechos e interrelaciones, evitando el tratamiento especializado, el lenguaje rebuscado que en ocasiones está presente en las investigaciones históricas y la profusión de fechas y citas, que conducirían a una lectura engorrosa. Elier opta por una combinación de síntesis, sin extraviarse en anécdotas, mostrándonos una especie de guía o brújula metodológica e historiográfica para adentrarnos en otras lecturas, que con mayores apoyos analíticos, están también al alcance del lector cubano, como lo ha argumentado recientemente el investigador Tomás Diez, autor de la mayoría de los textos publicados en nuestro país sobre el tema. Precisamente, en una ponencia que exponía en la tarde de ayer en el taller que nos ha reunido en estos días, presentada los resultados de los estudios que se han visto la luz en los últimos quince años.

Es importante destacar lo oportuno que ha resultado la iniciativa de Ocean Sur al publicar esta obra, toda vez que como puntualizaba ayer Phil Brenner, el tema y las experiencias de la crisis de Octubre, no pueden tener mayor vigencia, si tenemos presente la espiral del conflicto de los Estados Unidos con Corea del Norte, que gira en torno a un problema análogo, salvando las diferencias de contextos históricos y sobre, todo, del liderazgo del país que sufre hoy la hostilidad y las presiones norteamericanas, cuando se contrasta con la Cuba de 1962, y se recuerda la genialidad del pensamiento y acción estratégica de Fidel. Pero una vez más en la historia, los Estados Unidos se proyectan con un esquema que va más allá de la adscripción partidista de sus gobernantes. Ayer se trataba de un Presidente demócrata, hoy de uno republicano. En ambos casos, los gobiernos de los Estados Unidos se proyectan hacia países cuyas situaciones con percibidas como amenazas para su seguridad nacional y para el mundo.

Aunque Elier se concentra en las aludidas dimensiones políticas y en el ejercicio de la diplomacia cubana en el seno de las Naciones Unidas, foro donde sus exponentes, como García Incháustegui y Lechuga desempeñaron roles protagónicos con su propia personalidad y como ejecutores responsables de la estrategia trazada por el liderazgo de la Revolución, coloca, sin embargo, un marco de referencia que le permite al lector ubicarse en cada momento y le motiva a profundizar y complementar en el tema, acudiendo a otras referencias y obras. En ningún momento el texto pretende ofrecer una mirada exhaustiva ni conclusiva sobre el conflicto y la crisis en su conjunto, como tampoco interpela a la gran diversidad de fuentes existentes. Desde las páginas iniciales, Elier deja claro el carácter limitado de sus intenciones, y al finalizar la lectura,  comprobamos que el propósito fue alcanzado.

La lógica desarrollada por Elier es coherente con la que anticiparía Esteban Morales en un artículo sobre el tema, en el sentido de precisar, como piedra angular de cualquier análisis sobre la Crisis de Octubre, que la misma debe ser entendida dentro del contexto más general de los tempranos planes de agresión de los Estados Unidos contra Cuba, es decir, como parte de una estrategia de dominación, como momento culminante en el despliegue de una ofensiva de agresiones, de amenazas, de acciones subversivas y militares. En este sentido, es que debe comprenderse que a los efectos de la denominación de aquél proceso histórico, resulta más gráfico y legítimo hablar de la Crisis de Octubre que de la Crisis de los Misiles o de los Cohetes, ya que de cierta manera la espiral de la escalada intervencionista norteamericana estaba trazada de antemano, y los misiles sirvieron de pretexto para propiciar el momento, o el inicio de la crisis.

Con esta lógica, queda claro que el trauma que significó la derrota en Playa Girón  explica en buena medida las razones de la Presidencia de Kennedy para invadir a Cuba, pero entonces no con un ejército mercenario, sino con el norteamericano, lo cual lleva directamente al contexto y a la coyuntura en que se desata la Crisis de Octubre, dado que con posterioridad a Girón, la Administración Kennedy diseñaría un sistema de medidas y acciones agresivas contra la Revolución Cubana y comenzaría aceleradamente los preparativos para una invasión de la Isla en gran escala. Tal situación explica que durante el mes de octubre de 1962 coincidiesen o se conjugasen los planes de agresión directa a Cuba que ya se prefiguraban y avanzaban desde mucho antes, con la presencia del armamento nuclear en nuestro país.

En esencia, aquí radica una de las claves principales del texto, la que permite afirmar que la llamada Crisis de los Misiles solo puede ser explicada y finalmente comprendida, a partir de una confrontación entre Cuba y Estados Unidos, que había sido capaz de generar ya una invasión a la Isla, la que se pretendía reeditar, sólo que entonces en la escala en que se consideraba como potencialmente exitosa por parte de los estrategas de la política norteamericana hacia Cuba.

El libro presta atención, como apreciarán los lectores, a las contradicciones que se generaron entre Cuba y la Unión Soviética, al intercambio epistolar entre los estadistas de ambos países, las dificultades en el manejo diplomático de las mismas, la claridad de posiciones del Comandante en Jefe, nos recuerda pasajes, circunstancias, frases, que  fueron muy conocidas en la época. Sobre ello preferimos no extendernos en estas palabras de presentación, ya que contamos con el autor, por un lado, que lo hará mejor que nosotros, y por otro, porque conviene que los lectores potenciales se motiven a leer el libro. Como en los análisis críticos de las películas, no se debe contar la historia y mucho menos, el final.

El texto precisa algo que es conocido: que la Dirección Cubana, en realidad, al aceptar los misiles nucleares en Cuba, puso en primer lugar lo que ello significaba de ayuda para mejorar el desequilibrio entre el poderío nuclear de los países socialistas con el de los Estados Unidos, si bien ello significaba, a la vez, que se garantizaba la defensa del país ante el peligro de la invasión norteamericana.

Las negociaciones, desde luego, reciben un tratamiento detallado, son parte del objeto de la investigación realizada, y como muestra el autor, quedaron en ellas delineadas las posturas firmes de Cuba en cuanto al necesario cumplimiento de los cinco puntos decretados por Fidel. Se planteó que no se permitiría ninguna inspección de control

en territorio cubano con pretensiones de verificar la verdadera retirada de los cohetes, pues Cuba no había violado ninguna ley internacional, y que en cambio, los Estados Unidos sí lo habían hecho y nadie controlaría el cumplimiento de su palabra de no invadir a la Isla.

Como suele ocurrir en una actividad de este tipo, los asistentes, lectores potenciales del texto que se presenta, más que al presentador desean escuchar al autor y sobre todo, que la actividad concluya, a fin de poder adquirir el libro. De modo que optamos por la brevedad y reiteramos el agradecimiento a los organizadores, al autor y a la casa editora por habernos brindado esta posibilidad.

Muchas gracias.

 

 

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Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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