Los confundidos no son los jóvenes

 

A sus 95 años la Federación Estudiantil Universitaria, más heterogénea, diversa, crítica…, conserva el espíritu revolucionario que animó su fundación, asegura su presidente, Raúl Alejandro Palmero Fernández

 (Tomado de Juventud Rebelde)

Está ahora en el lugar que ocuparon  Julio Antonio Mella y José Antonio Echeverría. Sobre los hombros de Raúl Alejandro Palmero Fernández recae el peso de mucha historia, la que esos grandes líderes estudiantiles y otros forjaron, y que señalan el sentido más profundo de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU).

Capitalino de nacimiento y estudiante de la Facultad de Derecho en la Universidad de La Habana, el joven asumió hace casi siete meses la presidencia de la organización que hoy celebra sus 95 años de fundada.

—¿Cuánto cambia la visión de la organización cuando se dirige en una universidad y ahora desde la nación?

—La responsabilidad es mayor y la visión que uno adquiere del país también es diferente. A pesar de que es una sola organización, que logra la unidad dentro de la diversidad, no son iguales las características de un estudiante en La Habana que en otro lugar del país. Pienso que la clave está en cómo sepamos liderar, dirigir, cohesionar a los estudiantes en la brigada, la facultad, la universidad.

«Esta responsabilidad me ha aportado una visión más integral de ciertos fenómenos de los cuales se tiene muy poca percepción cuando uno está en la universidad. También me ha posibilitado contactar con otros jóvenes con ideas renovadoras, creativas, con muchas ganas de hacer, de aportar y ahondar en las visiones y razones por las que defendemos el proceso revolucionario».

—¿Qué desafíos impone asumir la presidencia de una organización que encabezaron Mella y José Antonio?

—Seguir siendo una organización fuerte, que aglutine y represente a los estudiantes y los guíe por senderos verdaderamente revolucionarios. Con sus más de nueve décadas de existencia, y hoy más heterogénea, diversa, crítica… —lo cual hace más difícil la misión de llegar y representar a cada uno de sus cerca de 125 000 miembros—, tiene que mantener su liderazgo, lograr que los estudiantes participen activa y conscientemente en los procesos,  mantener las bases fundacionales que nos legaron Mella, José Antonio, Fidel y otros jóvenes. Siempre es vital volver sobre sus concepciones, pues ofrecen las claves para continuar adelante.

—¿Cómo debe ser el universitario martiano y fidelista actual?

—La frase del Che: Seamos realistas, soñemos lo imposible, es muestra de cómo deben ser los universitarios hoy; es decir, estar conscientes del momento histórico que vivimos, y a la vez soñar, construir… Los jóvenes llevamos en la sangre ese espíritu de cuestionarnos las cosas, pero para bien, para perfeccionar, para mejorar. Cada vez que tenemos que enfrentar un problema o asumimos una tarea, tenemos que hacernos la pregunta de cómo actuaría Fidel, qué principios de la cosmovisión martiana y de otros patriotas podemos utilizar.

—Mella fue de los iniciadores de las ideas socialistas en Cuba, ¿qué es el socialismo para los universitarios de hoy? ¿Crees que asumen esa concepción?

—Que los jóvenes asumamos una visión crítica ante los problemas de la sociedad no quiere decir que desechemos el socialismo como la única vía para alcanzar un futuro mejor para la sociedad cubana.

«Lo demuestran las discusiones en las universidades acerca de los Lineamientos del Partido, la Conceptualización de nuestro modelo económico y social y las Bases del Plan Nacional de Desarrollo hasta el 2030, así como la firma del concepto de Revolución tras la partida física de nuestro Comandante en Jefe y la respuesta masiva ante las elecciones generales y en las tareas de impacto social, por mencionar asuntos importantes.

«Cuando se analiza el estudio sociopolítico de las universidades, una de las cosas que nunca se ha puesto en juego o sale en desventaja es el socialismo como la principal vía para construir una sociedad mejor. La inmensa mayoría asume esa concepción».

—¿Dirigir o liderar la FEU?

Raúl Alejandro Palmero Fernández, presidente de la FEU. Foto: Roberto Garaicoa Martínez.

—Se trata de liderar dirigiendo, pues uno debe ser líder para no imponer las cosas. Ello implica una organización, una sistematización, una concepción hasta cierto punto administrativa, un sistema de trabajo, aunque, por supuesto, tiene que ser un líder de opinión, revolucionario, para no imponer las cosas, sino unir, como dijera el destacado revolucionario e intelectual Armando Hart, con inteligencia y amor.

—¿Los universitarios han acompañado, como debieran, la actualización del modelo económico y social?

—Sí, y lo han hecho primero desde la discusión de los Lineamientos y luego con las disímiles tareas que han asumido, sobre todo las de impacto social. Entre estas se cuentan el perfeccionamiento dentro de las mismas universidades, la labor con la Contraloría General de la República, el enfrentamiento a las indisciplinas sociales, llevando el arte, la cultura y el deporte a los barrios, las intervenciones comunitarias, la participación como observadores en varios procesos del Parlamento, la producción de alimentos… Uno de nuestros baluartes es haber sacado la universidad de sus muros y llevarla hasta los barrios. Todo eso es parte de la actualización, de que sigue manteniendo esa profunda vocación social que la distingue desde los tiempos de Mella.

«Si el país se ha actualizado, también lo ha hecho la organización. Si existimos a los 95 años es porque ha sabido transformarse, adaptarse al momento histórico. Son los mismos principios y sueños, aunque es una FEU distinta a la de los tiempos de Mella y hasta de cinco años atrás cuando realizó su 8vo. Congreso. Hoy existe un número importante de convenios, disposiciones jurídicas, resoluciones, acuerdos… relacionados con la vida universitaria y de la organización, sus procesos, actividades y movimientos, que nos muestran una agrupación que ha avanzado, que es diferente, que se multiplica y consolida».

—Eres estudiante de Derecho, ¿cómo valoras el acento que se ha puesto a la institucionalización y el derecho dentro del proceso de actualización?

—Es un pilar dentro del proceso de actualización. Tiene el papel de legitimar todos los cambios que se hagan. Lo valoro de positivo a partir del debate que se ha generado en la universidad y las facultades, pues no ha sido solo una cuestión para la máxima instancia del Derecho en Cuba o las más intelectuales. Ha existido un debate en las cátedras, en los salones de conferencia, en los pasillos. El éxito dependerá de en qué medida se puedan llevar estas transformaciones a la misma velocidad que el Derecho se adapte a las nuevas circunstancias.

—La FEU fue fundada por Julio Antonio Mella, el mismo que pedía una universidad que formara «seres pensantes, no seres conducidos»…

—Esa idea sigue manteniéndose vigente. Si la organización ha logrado la unidad dentro de la diversidad es porque genera y da la posibilidad de que se creen muchos espacios por iniciativa de los jóvenes. Nos nutrimos del esfuerzo y la actividad creativa de los estudiantes. Por lo tanto, lo que estamos generando y reproduciendo es un colectivo de jóvenes pensantes, creadores, innovadores, preocupados de los problemas que los afectan y los de su sociedad socialista.

—Te ha tocado dirigir la FEU en un momento clave en nuestra historia y en un contexto bastante complejo…

—Siempre el escenario sociopolítico ha sido complejo, desde el mismo momento fundacional de la FEU. Por tanto, ahora nosotros tenemos nuestros propios retos, desafíos. Si quienes nos antecedieron hicieron honrosamente su parte, tenemos la responsabilidad de estar en consonancia con todo el esfuerzo, el sudor y la sangre derramada y multiplicar lo logrado.

—Julio Antonio Mella también defendió que la universidad cubana «no podía ser una fábrica de títulos…».

—La concepción de la Revolución de formar jóvenes integrales es la respuesta a ese pensamiento de Mella. La FEU ha luchado contra ese docentismo extremo desde su fundación, y el hecho de que un miembro de la organización no se dedique solo a estudiar, a aprobar solo los exámenes, a cumplir con un plan de estudio, es la demostración de que las universidades no son una fábrica de títulos, sino una fábrica de hombres de bien, de seres integrales, revolucionarios, comprometidos con su tiempo y con los destinos de su país.

—No faltan quienes miran a los jóvenes con desconfianza, así como algunas posiciones que estos asumen, ignorando que esta sigue siendo una Revolución de los jóvenes, como ha dicho Raúl…

—Los confundidos no son los jóvenes, sino quienes se confunden al creer que los jóvenes están confundidos. Si algo bueno nos permite dirigir a los estudiantes es comprobar que tenemos un recurso humano superimportante en el país. La fuerza con la que llegamos a este 95 aniversario lo reafirma.

«Pensemos qué decisión se toma hoy en una universidad o en Cuba sin contar con los jóvenes, o sin al menos cuestionarse cómo piensan de ello la juventud y los estudiantes. Nosotros tenemos que asumir y asumiremos sin vacilación alguna la continuidad de la Revolución, el legado de Fidel y de nuestros fundadores para hacer eterno nuestro socialismo. Estamos seguros que esta seguirá siendo una Revolución de los jóvenes».

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Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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