Política de juventud en Cuba 1959-2015

Luis Gómez Suárez

(Transcripción de su intervención en el espacio Dialogar, dialogar de la AHS, 20 de enero de 2016)

Este es un tema bastante desconocido en el país como objeto de estudio, aunque en algunas universidades o instituciones se investiga juventud y se ha investigado política social. Ejemplo de ello es el Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS) que tiene un grupo de Juventud, pero que no trabaja directamente políticas de juventud, sino temas de jóvenes en términos generales.

Existió un grupo que trabajó políticas sociales en el CITMA hace muchos años, pero eso se quedó en el camino. Incluso, se trabaja como políticas sociales, no como políticas públicas, que eso tiene su diferencia, o como parte de las políticas públicas.

Nosotros comenzamos a estudiar esto en el año 1994. En el año 1994 me mandaron a un evento sobre políticas de juventud en Costa Rica, y allí comenzamos a asumir el tema. Ya el Centro había estado enviando a reuniones de la Organización Iberoamericana de Juventud a sus directores y a compañeros de Relaciones Internacionales de la UJC, y me envían a mí en 1994. Me tocó coordinar el primer informe nacional sobre política de juventud, que se envió para un estudio sobre políticas de juventud en América Latina que se hizo entre 1994 y 1995, y de ahí arrancó el tema.

Las políticas destinadas a los jóvenes, hasta prácticamente hace muy poco tiempo, se abordaron como parte de las políticas sociales, no como parte de una política en específico, que es una de las características que tiene este proceso. Pero el hecho de que no se haya socializado ni se maneje el concepto no quiere decir que no exista política de juventud. La Revolución llegó al poder precisamente con la juventud como uno de sus principales temas, junto con la Reforma Agraria y la construcción de un nuevo proyecto social; pero el actor protagónico debía ser la juventud.

La revolución del ‘50 quienes la protagonizan fundamentalmente son jóvenes. Fidel, en el año 1959, tenía 33 años, el Che 28, Camilo 26 o 25, o sea, que fue el movimiento juvenil el que realmente llegó al poder.

No existen muchos casos en el mundo en que un movimiento juvenil logre encabezar un movimiento político que lo lleve al poder. Ni siquiera Argentina, que fue el más precoz, en 1918, con movimientos estudiantiles, que posteriormente repercutió en el movimiento estudiantil universitario.

Por tanto, ese concepto existe como una política social, en términos generales destinada a los jóvenes, que tiene como objetivo elevar su nivel de vida, propiciar el proceso de socialización inteligentemente estructurado de acuerdo con los intereses del proyecto, y hacer realidad una política educativa. La línea conductora de las políticas de juventud en Cuba ha sido precisamente la educación.

En los años ’60 y ’70 se hablaba mucho de la Revolución Cultural, la Revolución Cultural en la Unión Soviética con Lunacharski y la Revolución Cultural tristemente recordada en China, conducida por Mao. La Revolución Cultural la inició Fidel en Cuba con la Campaña Nacional de Alfabetización. Y de ahí en adelante, todos los procesos que se continuaron en materia de educación. Así fue como se inició este proceso.

¿Nació del aire? No, en realidad los programas de la Revolución ya recogían aspectos relacionados con la juventud, en particular y el más importante el documento del Moncada, La Historia me Absolverá, que había una parte importante en la que Fidel se refería a los jóvenes, a los estudiantes, a los jóvenes desempleados; pero si se revisa el proyecto de programa de la Juventud Ortodoxa, se verá que tiene una amplia parte del programa destinada precisamente a objetivos de los jóvenes; si se revisa el programa que se elaboró a instancias de Frank País, también tiene una parte considerable dedicada a los jóvenes; el programa del Partido Socialista Popular, de la Juventud Socialista, lo tiene también. O sea, los programas de la Revolución comprendían, dentro de sus objetivos reivindicativos fundamentales, a la juventud.

¿Qué se quiere decir con esto? Que cuando el liderazgo llega al poder, ya traía bajo el brazo un background, un repertorio acerca de la problemática juvenil; había ya una elaboración teórica, una cierta elaboración política, y los jóvenes se veían como el actor protagónico, el hacedor de la Revolución en el poder.

Los procesos socializadores fundamentales de la juventud, y que están comprendidos en toda la política de juventud en cualquier parte del mundo son los relacionados con la educación y el empleo, la educación, la formación profesional y la inserción laboral. Incluso, la OIT plantea que el primer empleo es el más importante de todos porque contribuye a la formación del individuo de forma exitosa a su posterior vida laboral.

Estos son los dos elementos socializadores, aunque no son los únicos. Las vertientes socializadoras prácticamente son todas en la sociedad, y el individuo se está socializando prácticamente hasta que concluye su propia posibilidad de avance. Pero los elementos fundamentales de socialización que se desarrollan en esta política son educación, su hilo conductor, y la política de empleo, y ahí se pudiera analizar todo lo relacionado con la cultura y la práctica del deporte.

En Cuba, como no se ha hablado de política de juventud, y cuando se han producido las políticas de juventud se han producido a partir de programas de reivindicaciones largamente pospuestos entre la población, por los regímenes que se habían producido en el poder. Por lo tanto, las decisiones que tomaron los jóvenes y las acciones en favor de los jóvenes quedaron subsumidas dentro de políticas en las que se comprendían otros grupos sociales.

En materia de salud, la juventud está subsumida, en términos generales, dentro del Programa Nacional de Salud, aunque existen unos programas independientes, pero que no lo son todo. Algo parecido ocurre en materia de cultura, algo ha ocurrido también en materia de educación, aunque de todos los programas de política social destinados a los jóvenes son los programas más explícitos lógicamente, porque se relacionan con la infancia y la juventud. Las enseñanzas secundaria, preuniversitaria y universitaria son enseñanzas propiamente de jóvenes; por tanto, sí son políticas directamente explícitas.

Aun en la actualidad, algunas de estas políticas están subsumidas. Los últimos cambios que se han producido, en materia laboral y en materia de educación, no responden en realidad a una política de juventud orgánicamente establecida y construida, sino que se van realizando sobre la marcha, en la medida que asistencialmente se necesita adoptar una medida, que es la cuestión. Y una política de juventud requiere toda una proyección y un diseño, puesto que las ciencias sociales han avanzado en materia de diseño de políticas sociales, entre ellas la política de la juventud.

Lo cierto es que en 1989 –se sabe todo lo que ocurrió en el año 1989, la caída del muro, se inicia el proceso de desenganche de Cuba del campo socialista–, en ese año Cuba había logrado construir a lo largo de 1959 hasta 1989 una política de juventud con aspiraciones de integralidad, porque abarcaba los aspectos fundamentales de la existencia de la juventud. Tenía que ver con la educación, el empleo, la formación profesional, la salud en diferentes áreas y factores, la infancia; se había logrado estructurar una política, y la trayectoria vital del ciclo de vida de los jóvenes era bastante orgánica y uniforme. Cuando un niño nacía, prácticamente se sabía hasta en qué iba a trabajar, qué iba a estudiar. La vida estaba asegurada, y el Estado aseguraba toda esa trayectoria.

A partir de 1989 se comienza un proceso de desestructuración del proyecto, producto de la crisis económica tan grande en la que nos sumergimos –aún estamos bajo sus consecuencias–, y por lo tanto las políticas de juventud se vieron afectadas: se vio afectada la educación, se vio afectada la salud, se vio afectado el empleo; el país perdió gran parte de su planta industrial y, junto con ello, a sus especialistas, muchos de ellos jóvenes, graduados a lo largo de la Revolución, y por lo tanto se fue erosionando esa política que hasta 1989 había sido construida con cierta precisión, puesto que en el país se programaban todos estos procesos.

A partir de 1989, el Partido, Fidel, convocan a salvar los logros fundamentales de la Revolución, los que tienen que ver con la educación, la salud, que era fundamental, la seguridad social y dentro de eso, bueno, fue comprendida la juventud. Lo cierto es que se erosionó considerablemente la calidad de la educación y de los procesos de socialización en materia de educación. Las consecuencias de eso las venimos acarreando aún en la actualidad, y están en la base de muchos de los problemas; no de los problemas, sino de las situaciones que presenta la juventud en estos momentos.

El primer quinquenio de los noventa fue un proceso de resistencia y de metabolización de los procesos políticos que se producían en el país en aquellos momentos. Incluso, las organizaciones juveniles se ocuparon de estos problemas, e incluso de llevar a la juventud los cambios que se habían producido en el proyecto y en la situación política del país y en la calidad de vida del país, y que eso fuera entendible por las nuevas generaciones.

Entre 1994 y 1995 toca a fondo la crisis, a partir de 1995 se inicia un proceso de reconstrucción de todo lo que se había perdido, que había quedado en el camino producto de la considerable crisis, y se logra restablecer en alguna medida los programas relacionados con los jóvenes, sobre todo los de educación, los de salud, los de formación profesional. Las universidades sufrieron mucho por el tipo de enseñanza especializada que brinda, y el país vio dañarse todo, laboratorios, bibliotecas, fondos de información, todos estos procesos, que aún continúan siendo un grave problema. Y se desarrolló una política en esa dirección, o sea, recuperar lo que se había perdido, rescatar los procesos educativos informadores que se habían llevado a cabo, ya en nuevas condiciones porque no podían ser replicadas las anteriores porque el país nunca volvería a ser lo que fue hasta 1989, e igualmente ocurrió en materia de salud.

La tesis fundamental era que debía existir un aula con un pizarrón y un maestro para impartir las clases a cualquier nivel, pero que no podían detenerse los procesos educativos ni de salud.

A partir de 1999, se inicia el proceso de Elián; la mayoría de las personas analizan los procesos que se continuaron posteriormente con los programas de la Revolución, a partir de Elián, pero en realidad no fue así. El caso de Elián lo que sentó las bases, fue la espoleta que disparó toda una serie de procesos que se venían pensando, que se vieron en el Congreso de la UPEC en el año 1997, se vieron en el Congreso de la UJC y posteriormente en el Congreso de la UNEAC, donde Fidel comienza a hablar de los programas de la Revolución y de tratar de rescatar a aquellos jóvenes que habían quedado en el camino producto de los procesos por los cuales había atravesado el país, sobre todo el grado extremo de selectividad para ingresar en las universidades, que había traído como consecuencia que muchos graduados de preuniversitario no hubieran podido continuar sus estudios y hubieran quedado en el camino, además de otros grupos poblacionales como la tercera edad, mujeres solas con hijos, poblaciones en situación precaria; tratar de rescatar todos estos procesos. Y se inicia un salto, un cambio en materia de política de juventud ya más explícito, a partir de los programas de la Revolución, se puede decir que entre el 2000 y el 2010. En realidad los programas comienzan a cerrarse a partir de 2005, pero todo el ciclo de los programas se extiende prácticamente hasta el 2010, aunque en la actualidad muchos de esos programas, programas tan importantes como los Trabajadores Sociales, han desaparecido, producto de la situación económica que vivía el país y de los grandes gastos en que se incurría en algunos de esos programas, lo que hizo inviable su replicación en el tiempo.

Pero hay una cuestión muy importante en ese período: se necesitaba llevar a la juventud a primeros planos en el orden político, dada la situación que vivía el país: extrema agresividad de los Estados Unidos y la necesidad de rescatar esa parte de la población, que se temía se perdiera para la Revolución, que quedaran excluidos por los procesos sociales, y uno de los objetivos que tenía la Revolución era precisamente luchar contra la exclusión y la pobreza.

En aquellos tiempos se discutía si había pobreza o no en Cuba. Recuerdo personajes como Mayra Espina, que se dedicaba a esos estudios, y se trató de recuperar aquellos programas.
Ese período fue importante para los jóvenes. Además, hubo cierta movilización de los jóvenes en torno a todos los procesos que tenían lugar con Elián. Fíjense que no se habla de participación; se habla de movilización de los jóvenes en torno a los procesos relacionados con Elián, en torno a la Declaración de Baraguá y en torno al rescate de los cinco cubanos en cárceles norteamericanas, que fue lo que se continuó a partir de todo ese proceso, aunque estaban en cárceles ya desde finales de los ’90.

Por lo tanto, a partir del año 2007-2008, la dirección del país considera que no podía seguir llevándose la economía y la realidad nacional de la forma en que se hacía en ese momento, que se requerían cambios –Raúl incluso habló de cambios estructurales–porque algunos de los problemas vitales que presentaban la juventud y el país son de carácter estructural, y se comenzó un nuevo programa de cambios, que se relacionó con la agricultura. Esto conllevó redimensionar los procesos de formación profesional en las universidades, en la enseñanza técnica, básica y media, y se inició el proceso de preparación de los Lineamientos Económicos y Sociales del Partido en la Revolución.

Ya ahí se abre una nueva etapa, que tiene que ver con la reformulación del modelo económico; unos hablan de reforma económica, otros consideran que no es una reforma económica, sino una reconstrucción del modelo económico. Si se estudia la economía del país, se verá que ha habido reajustes del modelo económico a lo largo del proyecto, algunos dicen que ocho; otros, que cinco; pero lo cierto es que el país ha tenido, producto de las diferentes coyunturas, que ir reajustando el modelo económico.

Por supuesto, cada una de esas coyunturas, tenía repercusiones en materia de política social y se reflejaban en materia de juventud; pero lo que más se reflejaba en materia de juventud no era tanto la educación o la salud, como los procesos subjetivos que estaban teniendo lugar a nivel de la conciencia: los imaginarios colectivos, los imaginarios simbólicos, las identidades juveniles habían sufrido un proceso de construcción y de reconstrucción a lo largo de todos estos años, y que se encuentran en la base de muchas de las situaciones que presenta la juventud en estos momentos.

Como parte de todos estos procesos, por supuesto, ha tenido también que ir reconformándose el movimiento juvenil organizado, todo el sistema asociativo. El último ejemplo de esto fue todo el trabajo que vino haciendo la UJC, que culminó con el Congreso.
¿Qué situación actual tiene la política de la juventud? Bueno, esa política se encuentra en un proceso de reestructuración, de acuerdo con los cambios económicos y sociales que tienen lugar en el país; porque muchos piensan que los cambios son solo económicos, que no tienen que ver con la gobernabilidad, la subjetividad, la sociedad o la cultura, pero tiene que ver todo, es una revolución a nivel nacional. De ahí la pugna de que si es una reforma o no, porque los cambios son de estructura, y ya cuando se habla de estructura no podemos extendernos mucho en reformas, aunque las reformas en el socialismo son completamente posibles; Lenin las justificó, y muchos proyectos también lo justificaron y lo llevaron a cabo.

Pero lo cierto es que en estos momentos esa política está en reconstrucción, como está en reconstrucción la política social cubana, los cambios en la educación y en materia de empleo; se avecinan cambios en materia jurídica; de entrada, necesitamos una nueva Constitución. Es necesario reformular el Código de la Infancia y la Juventud, la Ley 16, que es eminentemente doctrinario y no vinculante, y lo que necesitamos es que, junto al carácter doctrinario, sea vinculante en cada uno de sus artículos, para establecer responsables objetivos, porque esa es una política de Estado, no es una política gubernamental. Puede irse un gobierno, entrar otro, pero si está en la Constitución, es una política de Estado y debe llevarse a la práctica. Por lo tanto, es necesario reconformar todo este proceso, producto de que toda la legislación en materia de juventud se fue quedando muy rezagada.

Cuba fue de los primeros países en América Latina, junto con México y Chile, que tuvieron leyes de juventud, por supuesto de diversa naturaleza, porque la Ley de Juventud de Pinochet es una ley de control social y de desmovilización del movimiento estudiantil; pero lo cierto es que la ley cubana se ha quedado rezagada en materia jurídica, tiene que ser restablecida, o sea, se requiere una nueva ley. Esto ocurre prácticamente con toda la legislación cubana en la actualidad, producto de los cambios que se están produciendo y lo que deben producirse.

La mayoría de los cambios que han tenido lugar últimamente, entre el 2010 y la actualidad, son cambios que tienen un carácter existencial: en la medida en que se han ido planteando los problemas de la juventud, se han ido adoptando las medidas. Por lo tanto, esto no puede verse como una política. Una política de juventud parte de un programa; no vamos a hablar ni de política ni de programa, un proyecto de juventud tiene que partir de un diagnóstico, y a partir de ese diagnóstico debe elaborarse un plan de acción para entrar a producir el desarrollo en esos procesos, porque una política social no resuelve el problema si no promueve desarrollo, porque las que promueven problemas son asistencialistas, y queremos superar los procesos de carácter asistencial.

Esa es la realidad. La política debe reconstruirse incluso en materia legislativa. El propio Estado está dentro de estos procesos, que son sumamente interesantes y que provocan mucho debate y muchas preocupaciones.

Intervención durante el debate

El problema es que yo no abordé fortalezas y debilidades de esa política, y con todo respeto yo considero que sí, que hay políticas.

Las políticas pueden ser gubernamentales, pueden ser de partidos o pueden ser estatales. Son gubernamentales si un gobierno como el de Macri adopta un determinado programa de acción para los jóvenes, y cuando Macri se va, se va ese programa. Eso ocurrió en Nicaragua cuando el Frente Sandinista de Liberación Nacional perdió el poder, y todas esas políticas que él había instrumentado se perdieron. Las de partido son políticas de partidos para ganar electores, y sencillamente llegan al poder y posteriormente hacen lo que les da la gana. De Estado es si están reflejadas o recogidas en la Constitución de la República y es una obligación de los gobiernos que arriban al poder implementarlas, porque así está establecido y existen las diferentes instituciones legales que complementan la Constitución.
Nuestra Constitución recoge a los jóvenes y a las organizaciones juveniles, no como quisiéramos, en toda su amplitud y en toda su letra, pero lo recoge; lo que ha habido malas interpretaciones al respecto. De modo que hay una visión de conjunto de la política de juventud en el país, de qué hacer con los jóvenes; lo que las diferentes coyunturas han golpeado considerablemente a la Revolución.

En realidad, la Revolución fue un proyecto, que tuvo una grandeza que se ha ido erosionando a lo largo del tiempo, producto de estos procesos de carácter coyuntural. Y, como se dice vulgarmente, la tapa del pomo fue el desenganche de los países socialistas, que acuérdense que Fidel planteó que la construcción del socialismo había que defenderla porque la Revolución necesitaba defenderse y sobrevivir en medio de una coyuntura de vida o muerte. Eso hay que recordarlo. Esa es una realidad. Lo que se está tratando ahora es de perfeccionar esta política.

¿Qué entendemos por perfeccionar una política? Los programas de la Revolución se han hecho a partir del liderazgo, de lo que el liderazgo consideraba que la juventud necesitaba. Ese fue un estilo que se creó con la Revolución cuando llegó al poder, porque no se podía estar pensando mucho en deliberar y en diseñar un programa, sino que había que emergentemente resolver problemas. Y mucho más que había un gobierno revolucionario sin aparato legislativo, y no se adoptaban políticas públicas, sino políticas de carácter social.
Cuando surgen los Poderes Populares en los ’70 y la Constitución socialista, esto no se recoge y se sigue produciendo así. Esto se continuó perpetuando, y ocurrió con los programas de la Revolución. ¿Los programas de la Revolución partieron de un diagnóstico científico por cada grupo social objeto o de impacto? ¡No! Se partió a partir de una necesidad sentida. Sí, eso es muy político y revolucionario, pero no es científico. La investigación social ha construido una metodología para la concepción y desarrollo de políticas sociales, de elaboración de proyectos, programas y planes. Y hay una realidad: que hemos adolecido de eso.

Por eso, los programas de la Revolución no han podido ser evaluados después que se desmantelaron, en primer lugar porque no se permitieró acceder a la información, y en segundo lugar porque como no han tenido un instrumental, se desarrolla un proyecto o una acción a partir de un diagnóstico, el diagnóstico dice cuál es el problema y quiénes son los afectados. A partir de ahí, se diseña un conjunto de acciones, pero son tres los factores que hay que tener en cuenta: el político, el cientista social y el que va a recibir la acción o la intervención social, si no, nace atrofiado. Y una vez que se diseñe esa acción, se diseña también un sistema de evaluación y monitoreo, no puede venir de afuera.

Eso pasó con nuestros programas: una vez que estaban en marcha, se pidió evaluación. ¿Pero qué se evaluara qué? ¿Cuáles son los adjetivos? ¿Dónde están escritos? Un sistema de diseño y evaluación parte del propio diseño y evaluación de la política. Eso lo pueden ver en cualquier manual de metodología de las políticas sociales, está en cualquier lugar.

Por lo tanto, eso falta, falta en muchas políticas. Eso puede evidenciarse con Enrique Gómez Cabezas con el Programa de Trabajadores Sociales. ¿A cuántas reuniones no se fue para el diseño, el Grupo de Trabajo Social de la Universidad de La Habana, el Grupo de Trabajo Social de la Universidad de Villa Clara, se construyó, se pensó? Y todo ese mecanismo posteriormente se desvirtuó por situaciones políticas concretas y realidades necesarias, pero se desvirtuó. Y después, un proyecto muy importante, muy importante para el desarrollo de la conciencia y del nivel de vida de la población, desapareció; ahora es un aparato accesorio del Ministerio del Trabajo, que nadie sabe ni lo que tiene allí, un grupo de gente que se dice que es trabajador social.

Todos estos son problemas. Lo que pasa es que es un tema que a veces es complicado.
¿Nuestras investigaciones qué dieron? Que era necesaria una construcción de política social sobre bases científicas. En segundo lugar, que era necesario un aparato coordinador de las políticas de juventud.

Naciones Unidas desarrolló el proyecto de construcción de políticas de juventud que incluía hasta ministerio. A principios de los años ’90, Bolivia construyendo un Ministerio de Juventud, aunque no resolvió absolutamente nada. Por eso no debe hablarse de ministerio, sino de una institución coordinadora, que coordine esfuerzos, ejecución de políticas, diseño, evaluación, diagnóstico, monitoreo, movilizar el recurso científico, el recurso técnico, para producir todo esto.

¿Qué hace falta? Un aparato coordinador, que esté en manos del Consejo de Estado, en manos del Consejo de Ministros, en manos de la Asamblea Nacional o en manos del Presidente, pero que exista ese aparato con el personal calificado, para que eso ocurra.

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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