¿Qué puede ganar Cuba en sus relaciones con los Estados Unidos?

LA HABANA. Se cumple un año del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, un paso significativo en el llamado proceso “hacia la normalización de las relaciones”, que ambos gobiernos han pronosticado largo y complicado.

La parte norteamericana ha declarado que su objetivo es “cambiar el régimen cubano por otros métodos” y muchos, dentro y fuera de Cuba, han señalado la toxicidad que extrañan estas relaciones para el sistema socialista cubano. Asumidas sus connotaciones más negativas, vale entonces analizar las razones por las cuales el gobierno de Cuba ha aceptado el reto, consciente de los peligros y dificultades que efectivamente están incluidos en el paquete.

Recientemente, Lina Pedraza Rodríguez, ministra de Finanzas y Precios de Cuba, informó que el 54 % del presupuesto nacional se invierte en los sectores de la educación, la salud pública y la asistencia social. Este dato ilustra la esencia del modelo socialista cubano, explica las bases objetivas que sirven de sustentación al consenso popular y sus expresiones ideológicas, así como su particularidad respecto a lo que ocurre en otras partes del mundo.

Por su parte, el presidente Raúl Castro acaba de dar cuenta de las dificultades económicas por las que atraviesa el país, lo que explica las enormes complejidades que implica llevar a cabo este proyecto de sociedad, en las condiciones internas y externas en que vivimos.

Está demostrado que el crecimiento económico, por sí mismo, no garantiza la estabilidad política y social de los países, mucho menos la equidad de sus políticas públicas, pero tampoco es posible una efectiva estrategia de bienestar social sin una economía que la sostenga. Esta es la disyuntiva que enfrenta Cuba en estos momentos y el escenario en que debemos analizar el proceso de transformaciones económicas en curso, así como las ventajas y desventajas que implican las relaciones con Estados Unidos.

El diseño de la economía socialista cubana, más allá de aciertos y errores  propios, fue concebido para un mundo que dejó de existir. Con él se fueron a “bolina” los mercados, los mecanismos financieros, la complementariedad política que lo sostenían, así como los paradigmas que hasta entonces definían al “socialismo real” y el equilibrio del mundo, originando la crisis económica más profunda de la historia de la nación.

Huérfana de otras alternativas, para Cuba no hubo más opción que tratar de insertarse en el mercado internacional capitalista en las peores condiciones, debido a la existencia del bloqueo económico y las presiones  políticas de Estados Unidos.

La escasez de recursos naturales, la falta de acceso al mercado más importante del mundo y la eventualidad de tener que enfrentar las sanciones norteamericanas, se tradujo en una limitada demanda de los productos cubanos, así como, en la mayor parte de los casos, en la imposición de condiciones leoninas para las relaciones económicas, lo que ha tenido expresión en el incremento de los precios de las importaciones, créditos onerosos y limitadas inversiones extranjeras.

Las relaciones con Estados Unidos, si finalmente conducen a un eventual levantamiento del bloqueo, como es de esperar si se cumplen la mayor parte de los pronósticos, no solo permitiría el acceso a mejores ofertas en ese país, sino que cambian la escala y el entorno de las relaciones económicas de Cuba con el resto del mundo y en ello radica las principales ventajas del nuevo contexto.

Para algunos, los atractivos que ofrece el mercado norteamericano a Cuba y su complementariedad natural, debe conducir de manera inexorable a una dependencia económica, que vendría acompañada de consecuencias políticas para la soberanía de la nación. De hecho, buena parte de la estrategia norteamericana se basa en este presupuesto, pero incluso desde la izquierda muchos piensan lo mismo.

Sin embargo, mirado desde otro punto de vista, los márgenes de competitividad que se derivan de estas relaciones respecto a terceros, ofrecen mayor libertad a Cuba para escoger sus socios y establecer condiciones que resulten más beneficiosas para el país, diversificando las posibilidades de su mercado internacional.

En igual sentido pueden operar las ventajas de la ubicación geográfica de Cuba para el comercio mundial desde y con Estados Unidos. Dentro de este esquema adquiere su valor el desarrollo de la Zona Especial del Mariel, pero también se destaca las posibilidades que brinda al turismo internacional, lo que explica el interés mostrado por las empresas norteamericanas del ramo y los avances alcanzados en las negociaciones dentro de esta esfera.

El capital humano, así como los avances científicos y tecnológicos alcanzados por Cuba en ciertas especialidades, constituyen el principal activo económico de la nación. La falta de un mercado laboral interno que pueda utilizarlo apropiadamente, ha tenido como resultado la emigración de muchos profesionales o la degradación de su calificación, al trasladarse a empleos mejor pagados en otros sectores.

Las relaciones con Estados Unidos, donde la llamada “industria del conocimiento” es la mayor del mundo y constituye una prioridad entre sus líneas estratégicas de desarrollo, ofrece oportunidades para el aprovechamiento en Cuba de este capital humano y la venta de productos nacionales con alto valor agregado, no solo en el mercado norteamericano, sino para su mejor distribución a escala internacional.

Lo mismo puede ocurrir con la venta de servicios médicos y otras especialidades -hoy día una de las principales fuente de ingresos- que, liberados de las ataduras y las connotaciones impuestas por la política norteamericana, puede encontrar mercados en un rango mayor de países.

Además, las relaciones sirven para el aprovechamiento de este potencial cubano con fines humanitarios en todo el mundo y ofrece ventajas para la propia seguridad sanitaria de ambos países, sobre lo cual ya se han firmado acuerdos y se trabaja en diversos instrumentos de colaboración.

El intercambio cultural con Estados Unidos, y sus posibles ramificaciones hacia otros países, no solo pudiera aportar a la difusión de la cultura cubana en el mundo, sino que constituye otro renglón de exportaciones que Cuba pudiera explotar en condiciones bastante ventajosas, dada la calidad reconocida de estos productos.

Como ha venido ocurriendo hasta ahora, el desarrollo de las relaciones facilita la adopción de acuerdos bilaterales y multinacionales para el cuidado del medio ambiente, el tráfico aéreo y naval, así como la protección de las fronteras comunes frente a delitos como el narcotráfico, el tráfico de personas y el terrorismo, todo lo cual constituyen asuntos de seguridad nacional para los dos países.

También establecen un clima más adecuado para resolver los problemas migratorios aún pendientes, cuya incompatibilidad con estos objetivos resulta evidente y es objeto de críticas dentro de la propia sociedad norteamericana.

Las relaciones entre los dos países facilita el vínculo de Cuba con la comunidad cubanoamericana, cuya evolución ha sido una de las causas que determinaron el cambio de la política norteamericana y constituye un problema estratégico para el país, debido a sus connotaciones sociales, culturales, políticas y económicas hacia lo interno de la sociedad cubana.

Al margen de que continuarán existiendo tensiones como resultado de las políticas de Estados Unidos encaminadas a promover un cambio de régimen en Cuba, el restablecimiento de las relaciones cuando menos limita las acciones más agresivas, en particular el terrorismo y la amenaza de una invasión militar, un logro mayor si lo comparamos con las condiciones en que ha tenido que vivir el país durante medio siglo.

Es cierto que el nuevo estado de las relaciones, incluso de avanzar con más o menos celeridad en los próximos años, no elimina las contradicciones que han marcado la historia de los dos países y tampoco constituye un proceso irreversible, toda vez que depende de coyunturas que escapan al control cubano.

En resumen, el capital norteamericano, y extranjero en general, llega a Cuba con sus dos caras, estableciendo un escenario inédito y complicado para el modelo socialista cubano, pero facilitando su inserción en la economía global, a tono con una estrategia impuesta por una realidad que no ofrece otras alternativas. El asunto radica en saber decidir, lo que en última instancia no lo determina la economía, sino la política, y en esto radica la eficacia gubernamental.

A su favor, Cuba cuenta con un grado de independencia política que constituye uno de sus escasos lujos. Parafraseando el título de una vieja novela, “el destino está en nuestras manos”, por lo que en esta compleja ecuación que entraña las relaciones con Estados Unidos, la variable fundamental continúa siendo la articulación de la voluntad e inteligencia del pueblo cubano: protagonista principal de esta historia.

Acerca de Dialogar, dialogar

Historiador, investigador, papá de María Fernanda y Alejandra
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